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UN VIAJE A LA GUAJIRA

Fechas: Septiembre 24 a Septiembre 30 de 2018

Agencia de Viajes: Macuira Tours S.A.S

Plan Juya Cabo de la Vela – Parque Nacional Natural (PNN) Macuira – Punta Gallinas 5 dias, 4 noches

 

PARTICIPANTES Y PROCEDENCIA: Luz Maria Duque, Melva Lucía Jiménez: Manizales Claudia Patricia Otálvaro, Blanca Cecilia Garcés: Medellín Blanca Fanny Diaz, Patricia Pinzón, Luz Marina Gómez, Maria Esperanza Gartner, Daissy Rodríguez, Elsa Cristina Botonero, Felix Arturo Avendaño, Elcy Torres: Bogotá Adriana Estrada, Victoria Eugenia Estrada, Irene Estrada: Cali Beatriz Cecilia Otálvaro, Santa Marta

 

El lunes 24 de septiembre nos encontramos en Riohacha, en el Hotel Brisas del Nare, todos los integrantes del grupo MACUIRA, que desde cuatro meses atrás nos habíamos comprometido a realizar este tour. Siete de los paseantes llegamos desde Santa Marta, después de un viaje por carretera, en el cual hicimos una parada en Dibulla, la tierra del “Cantor de Fonseca”, primer municipio ubicado al entrar al Departamento de La Guajira, para almorzar y recorrer la población que nos cautivó por sus playas y paisaje y nos asombró por su monumento al burro. El objetivo era llegar al hotel para recibir a las compañeras que llegaban en avión desde Bogotá. Alrededor de las 5 pm nos informaron que el vuelo tenía dificultades para aterrizar por mal tiempo en Riohacha por lo cual debió realizar varios intentos, lo que resultó bastante asustador para los pasajeros, al punto que llegaron a pensar que sobrevivieron sólo porque les faltaba conocer La Macuira y eso sería imperdonable después de soñar tanto con esta aventura. El encuentro fue muy emotivo. Melva Lucía con mucha gracia manifestó que ella se murió, vio el túnel y la devolvieron a seguir disfrutando la vida, viajando y viajando. En la noche nos visitó Laila, asistente del Sr. José González, Gerente de la Agencia, para recibirnos los pagos respectivos del tour, explicarnos sobre el recorrido que íbamos a hacer y darnos las recomendaciones del caso. Tambié 2 los conductores de las tres Toyota 4x4: Arturo y Euro, a quien también le dicen Dólar, luego conoceríamos a John. Una vez finalizada la reunión salimos a recorrer el malecón y a comer algo ligero, el Sr. González nos acompañó y nos habló de su cultura wayuu, creándonos expectativas sobre lo que íbamos a conocer, al punto que hubo la sensación de que desde hace años como colombianos teníamos pendiente un aprendizaje en vivo de compatriotas con lenguaje, costumbres y cultura diferentes a las nuestras, que enriquecerían la vivencia en la espectacular y exótica geografía del país, con la esperanza de que también les aportaríamos de lo nuestro ayudándonos mutuamente, para sentirnos todos orgullosamente colombianos.

 

DIA 1 – Martes 25 Desayunamos entre las 7 y 7:45 am. A las 8 am llegaron los conductores en las 3 camionetas. Nos distribuimos así: Grupo Arturo: Maria Esperanza, Melva Lucía, Luz Maria, Luz Marina, Claudia y Beatriz. Grupo Euro: Adriana, Victoria Eugenia, Irene, Arturo y Elsa. Grupo John: Fanny, Patricia, Blanca Cecilia, Elcy y Daissy. Los tres grupos fuimos como una familia, durante los recorridos cada uno vivió sus propias experiencias que en general fueron muy animadas con música, chistes, “tomaderas de pelo” y por supuesto historias de leyenda y cultura wayuu. Salimos de Riohacha por la via que bordea el mar hasta pasar por las lindas playas de Mayapo y la recta hacia el cruce Cuatro Vías en la Troncal del Caribe, para empezar a adentrarnos en el desierto de vastas planicies con arena rojiza que forma un hermoso contraste con el mar azul aguamarina. Por una via de aceptables condiciones, en una media hora y para sorpresa mía pasamos por El Pájaro, corregimiento que yo había visitado en el pasado, y pude contarle a mis amigas sobre experiencias vividas allí que a lo mejor me marcaron para motivar el regreso a conocer más de esta región, como fue la de nadar desnuda en el mar, comentario que desató todo tipo de bromas e hizo volar la imaginación del grupo de Arturo, a lo mejor con algo de “envidia” muy sana. Seguimos nuestro rumbo hasta las Salinas de Manaure que forman parte de Uribia. Las recorrimos mientras se nos explicaba el proceso de recolección y limpieza de la sal, tomamos fotografías. Continuamos a Uribia, la Capital Indígena de Colombia. Se nos dijo que en el almacén ALKOSTO podríamos comprar agua, frutas, mecato y dulces para nosotros y para regalar a los niños que mediante “peajes” en los trayectos por el desierto piden dulces o agua. Todas imaginamos ALKOSTO, como los grandes almacenes de ciudad, y sí se llamaba así pero era una tienda en donde imperaban el desorden y los limosneros. En medio del calor desesperante, logramos abastecernos y continuar el camino. No tuvimos la mejor impresión de Uribia en ese instante y más bien sentíamos afán de salir de allí. 3 Dejando Uribia por vía pavimentada discurre paralela la carrilera del tren que transporta carbón desde El Cerrejón a Puerto Bolívar, en Bahía Portete. Por el desierto El Carrizal que, como todos los demás que atravesamos, no hay carreteras o caminos, son inmensas planicies llenas de huellas que sólo los wayuu conocen como la palma de su mano, hubo grandes extensiones anegadas por el coletazo de uno de los huracanes que pasó recientemente por el Caribe que ocasionó fuertes lluvias. El aguacero dos días antes hizo que “refrescara” el clima como dicen ellos y aún así la temperatura era de 36 grados! Este clima ha generado una vegetación muy típica de altos cactus yotojoro o tunas a borde del camino, así como arbustos espinosos y zarzas. Algo inimaginado en estos terrenos solitarios es ver millones de bolsas plásticas enredadas en las ramas y espinas, las cuales son traídas por el viento, provenientes de los botaderos de basura. El terreno, rico en recursos naturales, se va volviendo más árido aún, sin vida vegetal ni animal y hace que el paisaje a veces se torne lunar. Después de tres horas , llegamos al Cabo de la Vela. Algunos de los viajeros ya conocían, para otros era nuevo sitio. Nos dirigimos a la ranchería Utta, donde nos alojamos y almorzamos. El sitio es atendido por una familia, que nos brindó hospitalidad y alimentación con todo su esfuerzo y dedicación. El Cabo de la Vela o JEPIRA es precioso, al natural. Para los wayuu es un sitio sagrado donde habitan los espíritus de todos los que ya han partido, es su hogar, los derechos de circulación y residencia son exclusivos para el pueblo wayuu, que no puede vender ni arrendar la tierra asignada por ningún motivo. No han faltado los intentos de empresas vacacionales por establecerse allí y no los dejan ni arrimar. Los turistas practican deportes que permiten jugar con las olas y/o disfrutar del mar y del viento. Visitamos el Cerro Kamaichi o Pilón de Azúcar. La mayoría nos aventuramos a subir hasta lo alto, luchando con el viento que a ratos obligaba a sentarse o detenerse para no caerse y coger fuerzas. Arriba hay una imagen de la Virgen de Fátima y desde allí la vista se deleita con el contraste del mar azul-verdoso y la arena amarilla o colorada, produciendo una sensación de paz total. Bajamos del Pilón y disfrutamos de un baño de mar que sirvió de masaje y descanso para los músculos resentidos a causa de los “brincos” de los vehículos en la travesía del desierto. Visitamos el Ojo de Agua, un pequeño nacimiento de agua dulce donde, según la mitología, los wayuu se comunican con sus antepasados y pasamos a disfrutar del atardecer en el faro. Vistas espectaculares desde estos sitios. Regresamos a la ranchería Utta donde nos asignaron cabañas bien equipadas, limpias, bonitas, con capacidad para dos o tres personas, en camas, con servicio de baño, cuentan con motobombas y hay luz eléctrica hasta las 11 pm. La ventilación es natural. Hay un área de esta ranchería dispuesta con hamacas o 4 chinchorros para quienes prefieren este tipo de acomodación. Se disfruta de la noche con sus estrellas y planetas y para fortuna nuestra esa noche nos iluminó la luna llena.

 

DIA 2 – Miércoles 26 Quienes despertamos temprano pudimos contemplar un bello amanecer en donde se veía el sol naciente “enfrentado” a la luna llena en todo su esplendor. Desde la noche anterior se deja el pedido del desayuno y a las 7.30 am ya estábamos listos para iniciar el recorrido de 6 horas hacia Nazareth en la Alta Guajira. Largo y pesado viaje por trochas en el desierto. Llegamos al hospedaje Mulamana, de lindas y cómodas cabañas, que cuentan con energía todo el tiempo y donde pasaríamos dos noches. Después de almorzar, nos dirigimos a las oficinas del PNN La Macuira. Alli Sara, Luis y Mayerling los 3 guías voluntarios del parque que nos acompañaron dieron explicación del trayecto y estuvieron con nosotras en un recorrido de alrededor de 3 horas por terreno arenoso, disfrutando la serranía, caminando por el lecho de un rio seco desde hace más de 5 años por falta de lluvia. Paramos al pie de una piedra denominada wolunka o de la vagina dentada, que según la leyenda simboliza la madre de todos los wayuu. La caminata es suave, se respira aire fresco, hay brisa y finaliza con el espectáculo de un Médano o duna que se ve imponente en medio de las montañas verdes. Algunas caminaron sobre el mismo y otras enmudecimos ante tanta belleza, fueron momentos de reflexión y meditación. Maria Esperanza y Blanca Cecilia iban un poco retrasadas, una de las guías se quedó a acompañarlas y a paso lento llegaron hasta el médano. En el trayecto pudieron refrescarse con agua de un pozo, que les dio aliento para continuar. Según Maria Esperanza, “ella recibió los santos óleos”. Su fotografía es una de las mejores del paseo. Arturo, el esposo de Elsa, nuestro compañero de viaje, por dificultad de movilidad solo hizo alguna parte del recorrido. En un momento dado supimos que no nos devolveríamos a pie hasta la oficina del parque sino que las camionetas iban a entrar hasta un punto determinado, pues Arturo uno de los conductores, con el fin de conseguir la autorización, contó una dramática historia de que había personas con calambres y no podían salir caminando del parque. Esto ocasionó risas, pero fue un alivio, pues si veíamos que se nos hacía tarde y el camino de regreso era difícil. Después nos enteramos que esta decisión provocó un enfrentamiento entre los funcionarios del parque y los wayuu, en la que finalmente éstos, como propietarios ancestrales del territorio, impusieron su voluntad. En la oficina del parque llenamos una encuesta y regresamos al hospedaje a comer y descansar. Fue el día físicamente más pesado de todo el tour, 6 horas de recorrido por terrenos accidentados y con muchos desniveles o embarrados, más 5 aptos para competencias de motocross y luego 3 horas de caminata por el parque. Lo vivido y lo visto nos llenó de energía para continuar no solo el paseo sino la vida, son sitios espiritualmente renovadores.

 

DIA 3 – Jueves 27 La programación del dia iniciaba con una visita a Puerto López y muchas estábamos haciendo cuentas alegres de surtirnos en su comercio de variadas cosas que necesitábamos. Al llegar, oh sorpresa, encontramos un pueblo abandonado que en su época dorada tuvo mucho movimiento comercial, había iglesia y casas construidas con todo el esplendor, de las cuales ahora solo hay ruinas y matorrales cubriendo zonas devastadas, cabe decir que es un pueblo recorrido solo por el viento, en medio de la desolación. En otras épocas Puerto López fue la cuna del contrabando, actividad muy bien relatada en la canción de Escalona “El Almirante Padilla”. Muy cerca de allí se encuentra el meteorito de Warpana. Allí cayó y su estructura es como la de un monumento. Como se mencionó que ha llovido, desde el punto donde nos bajamos de los carros hasta el lugar del meteorito, hay que caminar unos 300 metros por entre un lecho de lodo y los conductores nos recomendaron hacer el recorrido descalzos porque podíamos perder los zapatos o sandalias. Literalmente empezamos a patinar y hacer maromas para guardar el equilibrio y varias estuvimos a punto de caer, menos Maria Esperanza que no aguantó y cayó. Fue bastante divertido pero contó con la fortuna de que nuestro conductor Arturo corrió a ayudarla a levantar y terminó colaborándonos a todas para sostenernos de pies. Muy orgulloso decía que “ahora sí le llovían las mujeres”. Gozamos esta aventura y nuestros pies recibieron el mejor masaje que la naturaleza nos pudiera brindar. Las fotos hablan por nosotras. El regreso a los carros por el mismo sitio fue menos difícil al pisar nuestras propias huellas. De allí fuimos a la playa, en donde disfrutamos un delicioso baño de mar, frente a Castilletes, donde empieza Venezuela. Fue un excelente descanso en un mar cristalino, de varios colores, de olas suaves y tibias, en medio de un paisaje precioso, risas y alegría. Almorzamos en el hospedaje Cabañas Neimaru, un lugar hermoso, con malocas y una casa muy bonita, donde nos permitieron bañarnos con agua dulce, con totuma y disfrutar de siesta en chinchorros. Alrededor de las 5 pm salimos para la ranchería Piedras Blancas de la familia González. De camino pasamos por la piedra misteriosa, ubicada en la comunidad de Tolomana, sobre la cual hay que dejar dulces o algún regalo, porque si no se hace, el agüero es que el conductor y su carro podrán sufrir algún accidente o inconveniente en su trayecto. Por lo tanto, hicimos lo propio dejando galletas. Por supuesto siempre habrá niños que recojan lo que encuentren allí. 6 En áreas del parque viven muchos clanes de familias, cabe destacar que entre sus construcciones vistosas están los cementerios, a los cuales les dan mucha importancia. Llegamos alrededor de las 6 pm y cuál sería nuestra sorpresa cuando sentimos el sonar de un tambor que se combinaba con una danza de niños con la que nos esperaba la anfitriona doña Luz Marina, la matrona. Había organizado toda una celebración wayuu para nosotros. Ella es profesora y coordinó para que el profesor de música y algunos de sus alumnos fueran a la ranchería y nos presentaran sus bailes con los atuendos propios, en este caso color rojo, que los protege de malos espíritus. Otra vez quedamos mudos de emoción y perplejidad. Muy emotivo todo. Las vecinas habían ido a ayudar a preparar la comida, que consistía en chivo asado, friche, cordero y bebida de maíz. Fue la oportunidad más linda para compartir con familia wayuu, sus costumbres, sus historias y su calidez. Eterno agradecimiento por esta acogida que nos dieron. Nos enteramos de wayuus que han estudiado en universidades en Venezuela y también muy entregados a la educación y formación de los niños y jóvenes. Doña Luz Marina, además de ser educadora, es la madre de José, el Gerente de la Agencia Macuira, de John, uno de nuestros conductores y de otros hijos profesionales sobresalientes. El mismo José es Ingeniero de Sistemas y trabaja en El Cerrejón, ha asistido a Fitur en España, la segunda Feria Internacional de Turismo más importante del mundo, que le ha representado hacer contactos de diverso orden para la promoción de su Guajira en Europa y coordina las visitas de muchos extranjeros a la región. Doña Luz Marina y su familia son líderes que están luchando para sacar adelante el turismo en La Macuira, además de fomentar la cultura. Varias compañeras aprovecharon para apoyar esta labor y compraron mochilas que familias wayuus dejan al encargo para venta en la ranchería y todos estábamos tan amañados que no queríamos salir de allí, casi que tocó que nos insinuaran que era tarde y hora de partir. A las 8 pm regresamos a las trochas en la Serranía de la Macuira, pero confiados en nuestros conductores, que conocen los caminos como verdaderos baquianos. Se siente seguridad total. Disfrutamos nuestra segunda noche en el hospedaje Mulamana en Nazareth.

 

DIA 4 – Viernes 28 Igual que los anteriores días desayunamos lo pedido la noche anterior y salimos para Punta Gallinas. Cruzando la Serranía de La Macuira, también pasando desierto bordeando la Bahía de Portete, llegamos a conocer las Dunas de Taroa. Ahora sí, como dice Eduardo Galeano en su poema “El Mar”, quedamos mudos de hermosura! Las dunas representan la belleza al rojo vivo!. Arena amarilla, suave, flores entre plantas que crecen en la arena. Se pueden subir, bajar con pies 7 descalzos y quedarse allí agradeciendo y contemplando tanta majestuosidad. El oleaje es fuerte, algunas fuimos atrevidas y vivimos las consecuencias de querer bañarnos en él: arrastradas por las olas y sacadas del mar. Lo disfrutamos muchísimo pero nuestro sentido de responsabilidad nos hizo sugerirle a José González que prohíban esta actividad a futuros turistas. Alli, en las dunas, permanecimos como unas dos horas extasiados y después continuamos a Punta Gallinas en el extremo más septentrional de la placa continental de América del Sur, ubicada en el extremo norte de la península de la Guajira en Bahia Hondita. Llegamos al hospedaje Luz Mila, uno de los dos únicos de la región, con un bello entorno natural en una ranchería y cómodo en líneas generales, con habitaciones triples muy básicas, pero donde vivimos en carne propia las limitaciones de la vida diaria: energía muy pocas horas, así que en las noches a punta de linterna, no hay acueducto entonces en el baño hay unas canecas con agua y su totuma que hace las veces de ducha y que obviamente hay que cuidar esa agua como un tesoro. Triste, muy triste esta situación de abandono estatal a la bien llamada La Tierra del Olvido. Una vez dejamos los equipajes en los cuartos pasamos a almorzar, variada carta de pescados bien preparados y salimos ahora si al punto donde está el Faro de Punta Gallinas, un lugar mágico y muy simbólico. Los turistas, algunas de nosotras lo hicimos, apilan piedras y arman figuras estilo torres, dicen que allí se dejan los deseos y anhelos, que cuando se cumplen se derrumban las figuras. Tristemente no hay un monumento o una obra que le dé importancia destacada al lugar, solo un faro viejo y restos de una construcción, pero la belleza natural lo llena todo. Fue tanta la emoción de estar allí que bailamos al son de la canción vallenata de Lisandro Mesa, del mundo guasca, “El Hijo de Tuta” y celebramos el privilegio de llegar a este extremo, cuyo paisaje es precioso con el mar azul verdoso, arena amarilla suave, fuerte brisa y buena energía. Arturo, nuestro compañero de viaje, expresó su complacencia de ver realizado su sueño de niño de ir algún día a Punta Gallinas, que todos veíamos solamente en el mapa de geografía en la escuela, entonces le tocó el “bullying” del baile como “El Hijo de Tuta”, muy privilegiado, todo fue felicidad! Los conductores no perdieron la ocasión de filmarnos con sus celulares y han circulado un video que como dice Arturo, uno de ellos, “se volvió viral”, pues lo vieron primero en Santa Marta que nosotras mismas, qué risa! Luego fuimos a Punta Aguja, para disfrutar del mar, con oleaje suave. Disfrutamos el atardecer, que a ratos dejó asomar un pedacito de arco íris. Regresamos a comer en el hospedaje Luz Mila, en medio de la oscuridad la noche estrellada. El hotel queda en la parte alta de un acantilado, por lo cual no se debe 8 recorrer cerca a las rocas en la noche. Algunos degustaron langosta y otra clase de pescados, los platos fueron exquisitos.

 

DIA 5 – Sábado 29 A las 7 am los conductores recogieron nuestras maletas, para llevarlas en las 4x4 hasta un sitio donde nos encontraríamos más tarde y nosotros tendríamos regreso vía acuática. Realizando este trayecto en lancha se recorta como una hora el camino de regreso y fue estupendo en consideración a lo pesado del transporte en las 4x4. A las 8 am bajamos al embarcadero por un muy buen camino de piedra con barandas y cruzamos por Bahía Hondita, que nos ofreció además del paisaje divino con árboles, manglares, la vista de varios tipos de aves: pelícanos, garzas, pájaros y por último flamingos rosados. Qué espectáculo! En esta época están de paso, vienen del norte, los vimos quietos, volando y en todo su esplendor, al punto de parecer una pintura. Fue nuestra gran despedida de la fauna silvestre. Por un error en la comunicación el capitán nos dejó en un sitio equivocado, razón por la cual hubo que llamar a la agencia para que los conductores coordinaran con el capitán. Así, viajamos otro rato en lancha disfrutando de la rica flora y fauna de la región, hasta encontrarnos con nuestros conductores. Emprendimos nuestro camino de regreso a Uribia, de nuevo una larga jornada por el desierto y otra vez encontrando los “peajes” de los niños. Algo no mencionado en este relato, es que en estos paseos de tanta naturaleza, pues los baños también son al natural, detrás de los cactus y las zarzas, pudiendo observar el sol, la luna y el firmamento. Más de una situación divertida vivimos en el transcurso de la semana. Llegamos a las 12:30 pm al restaurante “Juyaisrain” (este nombre traduce lluvia, tanto en wayuu como en inglés), bonito en un sitio agradable de Uribia. En este recorrido vimos que la ciudad es bonita y merecedora de llamarse la Capital Indígena de Colombia. A las 4:30 pm regresamos a Riohacha. Nos hospedamos en el mismo hotel a donde llegamos el primer día. El domingo 30 de septiembre en la mañana viajaron algunas de regreso a Bogotá y sus destinos, al medio día almorzamos otros en un restaurante en el malecón de Riohacha y en la tarde nos despedimos porque ya todos regresábamos a casa. Agradecimiento especial a Adriana por sus lindas fotografías de todos los sitios, a Maria Esperanza por colaborarme con los ajustes a este documento, a Arturo y Elsa, que escucharon mi lectura del borrador inicial y me hicieron sugerencias que por supuesto tuve en cuenta y a mi hermana Claudia, mi amiga, cómplice y compañera de aventuras por acolitarme esta idea.

9 Gracias a todos mis compañeros de viaje por su confianza, tolerancia, alegría y calidez. Quedamos enriquecidos con la vivencia de nuestra Guajira exótica, salvaje y amable.

 

Gracias a Dios por habernos permitido cumplir este sueño, con ánimo y salud. Qué viva La Guajira! y la agencia Macuira Tours que sabemos está haciendo lo mejor para colombianos y extranjeros, no solo dando a conocer su región, sino también beneficiando a la comunidad wayuu. Felicitaciones! Eternamente agradecida con Dios, la vida, la familia, los amigos y los wayuu! Beatriz Cecilia Otálvaro Trejos Santa Marta, octubre 8 de 2018