Hay momentos que, aunque duren unas pocas horas, terminan quedándose para siempre en la memoria. Para nosotros, uno de ellos fue aquella mañana del 11 de enero 2024 en la que vimos aparecer frente a las costas del Cabo de la Vela un barco que no estábamos acostumbrados a ver en nuestro territorio: el Emerald Azzurra, un crucero de expedición que llegaba por primera vez a La Guajira con viajeros de diferentes partes del mundo.
El paisaje era el de siempre: el desierto encontrándose con el mar, el viento fuerte y ese horizonte abierto que parece no tener fin. Pero aquella mañana había algo diferente. El barco permanecía frente a la costa mientras comenzaba la jornada que habíamos preparado junto a Colombia 57 para recibir a sus pasajeros y acercarlos a una parte de la cultura y del territorio Wayuu.
Del crucero a una ranchería Wayuu
Para nosotros, como operadores Wayuu en La Guajira, era una experiencia especial. Los visitantes no habían llegado por carretera desde Riohacha o desde otra ciudad de Colombia. Habían llegado navegando por el Caribe y, después de varios días de viaje, su siguiente parada era nuestro territorio.
Lideramos esta operación en tierra, aportando nuestro conocimiento del territorio y la conexión con las comunidades que harían parte de la experiencia.
Después de llegar a tierra, llevamos a los viajeros hacia una ranchería Wayuu. Para muchos era la primera vez que tenían un encuentro directo con una comunidad indígena de Colombia y podían conocer algunos aspectos de nuestra vida cotidiana.
Hubo conversaciones, preguntas, sonrisas y palabras en wayuunaiki. Dos culturas muy diferentes se encontraban por primera vez, pero poco a poco las diferencias daban paso a la curiosidad y al intercambio.
Conociendo nuestra cultura
Durante la visita, los viajeros pudieron acercarse a diferentes elementos de la cultura Wayuu y compartir con personas de la comunidad. También visitaron una escuela local, donde tuvieron la oportunidad de conversar con los niños y aprender algunas palabras en wayuunaiki.
Para nosotros, estos momentos tienen un valor especial porque permiten mostrar que la cultura Wayuu no es solamente algo que se observa durante un viaje. Es una cultura viva, presente en nuestras familias, nuestra lengua y nuestra relación con el territorio.
La Guajira tiene paisajes que sorprenden, pero cuando el viajero se acerca a su gente descubre otra dimensión del viaje que no aparece en las fotografías.