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LA LEYENDA DE WALEKER

EL ORIGEN DE LOS TEJIDOS

 

Cuentan nuestros ancestros, que un día de primera cuando los pájaros cantaron de alegría anunciando las primeras lluvias; cuando los suspiros florecieron y se llenaron de perfume los caminos, un joven salió de cacería por los montes del ISASHII, donde solo impera la soledad y el miedo:

Aquel joven era un cazador valiente, como esos que llevan en el pulso la prueba de su valor y en el cuerpo las huellas de sus heridas.

Dicen los ancianos que, cuando aquél joven nació, una estrella se desprendió del cielo e iluminó la noche. Y los augures vaticinaron al recién nacido grandes sorpresa en su vida.

Aquella mañana el cazador hubiese adentrado lo bastante en el interior del monte cuando oyó de pronto, una vocecita suave que parecía brincar por los ramajes.

Al principio creyó que se trataba de un simple crujir de ramas a merced del viento. Y prosiguió su marcha.

Al rato, volvió a oír una risita entrecortada como la de un chiquilín a quien le hicieran cosquillas. Creyó el cazador que se trataba de un pajarito oculto entre las hojas. Y sin hacer caso reanudó su marcha.

Al dar un paso más, volvió a sentir la tierna vocecita. Esta vez aguzó el oído, contuvo la respiración, acomodó la flecha sobre el arco y esperó que se repitiera el extraño rumor.

Muchas cosas pensó el joven en aquel instante: Creyó que fuese una serpiente cazadora imitando las voces de su presa; creyó que fuesen las ramas del boscaje rosándose entre sí. Y hasta pensó que fuese un WANUULU   en forma de pájaro que trataba de asustarlo.

Una mezcla de temor y curiosidad se apoderó del joven, quien bajo el temple de su coraje y la agudeza de sus sentidos  avanzó poco a poco hacia el punto de donde salía la voz.

Cuál no sería su sorpresa, al ver una niñita echada al suelo jugando con las hormigas.

Aquella niña fea, barrigona y sucia, se entretenía haciendo puentecitos por donde iban y venían las inquitas hormiguitas. Se reía a carcajadas cuando las veía saludarse con toda cortesía por los caminitos que trillaban. O tras veces, con una ramita les hacía agujeritos en el suelo por dónde entraban y salían en ordenado afán. Y así, le repartía sabandijas y miguitas de PULAA que ellas acarreaban las cuevas.

Aquella criatura despertó tanta curiosidad en el joven que éste acercándose sigilosamente a ella por entre las matas. Quiso asustarla. Pero la niñita verlo no dio signos de mayor sorpresa.........

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